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VILLANUEVA DE LA JARA
- ESPACIO SANTA TERESA |
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Fundó en Ávila su
primer convento, San José de las Madres, y posteriormente
los de Medina, Malagón, Valladolid, Toledo, Pastrana,
Salamanca, Alba de Tormes, Segovia, Beas, Sevilla,
Villanueva de la Jara, Palencia, Soria y Burgos en los que
restableció la pureza primitiva, la rigidez y la sobriedad
de la regla de S. Alberto. El cansancio físico y la
enfermedad la detienen un día en Alba de Tormes y allí muere
el 4 de Octubre de 1.582 |
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El lugar de
Santa
Teresa
entre los escritores de teología mística no tiene comparación. En sus
escritos sobre este tema, narra sus experiencias personales, las
cuales, gracias a una visión profunda y a un don analítico, explica
con claridad. El substrato tomista puede remontarse a la influencia de
sus confesores y directores, muchos de los cuales pertenecían a la
orden dominica. Ella no tuvo ninguna intención de fundar una escuela,
en el sentido literal del término, y no existe vestigio alguno en sus
escritos de algún tipo de influencia del Areopagita, ni de las
escuelas de mística patrística o escolástica, como se puede ver
entre otros, en los místicos dominicos alemanes. Ella es
intensamente personal, su sistema va exactamente hasta donde sus
experiencias llegan, no dando un paso más allá.
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En esta casa se hospedó
Santa Teresa de Jesús en 1580 cuando vino a fundar el
convento de Carmelitas de Santa Ana. | |
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INFORMACIÓN |
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CASA Y OBRA |
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MAPA |
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LIBRO DE VISITAS |
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PELÍCULA FOTOS 1,5 Mb. |
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Su vida infantil se desliza tranquila
en Ávila y en su hogar, como ella dice, muy pronto comienza a
sentir los efluvios del amor divino. Va pasando el tiempo y
Teresa va haciéndose mujer. Tiene en sus años mozos
ligeros devaneos: libros de caballerías, amistades frívolas,
veleidades fugaces, sueños; pero el Convento de Santa Rita
la alberga por algún tiempo para consolidar así su virtud y
formación.
Abandona el mundo y en el Convento de
la encarnación vistiendo la estameña blanca
y parda del habito carmelitano, proyecta
la reforma religiosa en la Orden en que
había profesado.
Allí en las celdas conventuales, la
Madre Teresa goza con sus arrobamientos y
sostiene ardorosos coloquios con Jesús, y una vez
templado su espíritu con la penitenta y la oración,
marcha por caminos y ciudades fundando
monasterios y reformando los ya existentes. Viaja
incansable por tierras españolas, persiguiendo un
altísimo ideal de fundaciones. No la detienen ni
sus achaques de mujer madura, ni las nieves
del invierno castellano, ni los calores del
estío andaluz.
Toda la obra de Teresa, nació en el
seno de Ávila, por ello sus calles y templos son
reliquias perennes que tienen estampadas las huellas de sus
sandalias.
Agradecimientos:
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