VILLANUEVA DE LA JARA - ESPACIO SANTA TERESA

 

Fundó en Ávila su primer convento, San José de las Madres, y posteriormente los de Medina, Malagón, Valladolid, Toledo, Pastrana, Salamanca, Alba de Tormes, Segovia, Beas, Sevilla, Villanueva de la Jara, Palencia, Soria y Burgos en los que restableció la pureza primitiva, la rigidez y la sobriedad de la regla de S. Alberto.
El cansancio físico y la enfermedad la detienen un día en Alba de Tormes y allí muere el 4 de Octubre de 1.582

INAUGURACIÓN: 30 DE JUNIO DE 2007 A LA 1 DE LA TARDE

El lugar de Santa Teresa entre los escritores de teología mística no tiene comparación. En sus escritos sobre este tema, narra sus experiencias personales, las cuales, gracias a una visión profunda y a un don analítico, explica con claridad. El substrato tomista puede remontarse a la influencia de sus confesores y directores, muchos de los cuales pertenecían a la orden dominica. Ella no tuvo ninguna intención de fundar una escuela, en el sentido literal del término, y no existe vestigio alguno en sus escritos de algún tipo de influencia del Areopagita, ni de las escuelas de mística patrística o escolástica, como se puede ver entre otros, en los místicos dominicos alemanes. Ella es intensamente personal, su sistema va exactamente hasta donde sus experiencias llegan, no dando un paso más allá. 

 

   En esta casa se hospedó Santa Teresa de Jesús en 1580 cuando
         vino a fundar el convento de Carmelitas de Santa Ana.

 

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Su vida infantil se desliza tranquila en Ávila y en
su hogar, como ella dice, muy pronto comienza
a sentir los efluvios del amor divino.
Va pasando el tiempo y Teresa va haciéndose
mujer. Tiene en sus años mozos ligeros
devaneos: libros de caballerías, amistades
frívolas, veleidades fugaces, sueños; pero 
el Convento de Santa Rita la alberga por algún 
tiempo para consolidar así su virtud y formación.

Abandona el mundo y en el Convento de la 
encarnación vistiendo la estameña blanca y 
parda del habito carmelitano, proyecta la 
reforma religiosa en la Orden en que había 
profesado.

Allí en las celdas conventuales, la Madre 
Teresa goza con sus arrobamientos y sostiene 
ardorosos coloquios con Jesús, y una vez templado 
su espíritu con la penitenta y la oración, marcha 
por caminos y ciudades fundando monasterios 
y reformando los ya existentes. Viaja incansable 
por tierras españolas, persiguiendo un altísimo 
ideal de fundaciones. No la detienen ni sus 
achaques de mujer madura, ni las nieves del 
invierno castellano, ni los calores del estío 
andaluz.

Toda la obra de Teresa, nació en el seno de 
Ávila, por ello sus calles y templos son reliquias 
perennes que tienen estampadas las huellas de sus sandalias.

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